Testimonio: Sebastián Leandro RussoHola, mi nombre es Sebastián y gracias al amor y la misericordia de Dios el 15 de febrero estoy cumpliendo 3 años de nuevo en el camino de Dios


















Hola, mi nombre es Sebastián Leandro Russo, de 29 años de edad, y, gracias al amor y la misericordia de Dios, el 15 de febrero estoy cumpliendo 3 años de nuevo en el camino de Dios.

Mi testimonio es el siguiente: nací en el año 1981 con tres hermanos varones mayores que yo, los cuales me cuidaban todo el tiempo. Pero a los siete años de edad, un día que salí sin mis hermanos, sufrí un abuso deshonesto por parte de un desconocido. Bajo sus amenazas y mentiras nunca pude contarles a mis padres ni a mis hermanos lo sucedido, pero fue algo que marcó mi vida y mi mente…

  Durante mi infancia crecí con miedos infundados y pensamientos perversos que no me permitían descansar tranquilo, hasta que a los 12 años mi madre me trajo a la iglesia donde hoy me congrego. A pesar de conocer la palabra de Dios, y sabiendo lo que Él estaba haciendo en mi vida, a medida que crecía me iba alejando de Su Palabra y sus pasos. Cuando cumplí 18 años me alejé de la iglesia donde me congregaba, ya que de Dios me había alejado mucho antes, y me volqué a conocer lo que sabía que a Dios le desagradaba.

Alejado también de mi familia, comencé a consumir alcohol y tabaco, ya que mis pensamientos cada día me perturbaban más, y el alcohol me ayudaba a callarlos. Ya a los 20 años consumía marihuana y, de vez en cuando, cocaína. Me servia como anestesia para las noches en que no podía dormir; y cuando no conseguía, salía a la calle a buscar cualquier compañía, sin importar quienes eran, solo quería satisfacer los pensamientos de maldad que el enemigo ponía en mi mente. Sin darme cuenta estaba viviendo cada día más cerca de la muerte y dejando que el enemigo (el diablo), me dirigiera hacia donde él quisiera…

  A los 21 años mi vida se iba desmoronando con mayor fuerza y velocidad. En esa época despedí a mi mejor amiga, la cual fue atropellada por un camión en la puerta del colegio secundario donde asistía. Hasta ese momento era mi consejera, y quien me ayudaba a seguir adelante, pero después de su fallecimiento todo empeoró; me volví adicto a las drogas y al alcohol, y sólo vivía para mantener mis vicios, sin importar si a los demás les hacía daño el ver como me destruía.

  Con trabajos pasajeros y amistades que vivían sin futuro, pasaban los años sin que me diera cuenta, anestesiado y consumido. A los 26 años ya estaba hastiado de mi vida, sentía que a Dios lo había defraudado y abandonado, pero Dios estuvo siempre a mi lado. El conoce mi futuro mejor de lo que yo conozco mi pasado; sabía lo que iba a vivir, y las decisiones erradas que tomaría. Ya sin fuerzas y sin ganas de seguir viviendo le clamé a Dios que me deje morir, creyendo que nada podría ser peor… y Dios escuchó mi clamor, y me demostró que sólo me quedaba una salida: Jesucristo.

  Esa tarde que pude tomar la decisión de volverme a El, sentí claramente su voz hablando a mi corazón cuando tuve la oportunidad de que me regalen droga de todo tipo sin que ponga un peso… en ese instante me habló directamente diciendo: “…delante tuyo está la vida y la muerte, la bendición y la maldición; ahora de vos depende, ¿querías la muerte? Acá está, pero también estoy Yo, que tengo vida para darte…”. Fue tan clara Su voz que se me erizó la piel, y me di cuenta que siempre las decisiones debía tomarlas yo. Y decidí seguir a Dios. En ese mismo momento renuncié a todo, me volví casi corriendo a mi casa y llame a mis padres pidiendo ayuda, sabiendo que no podía volver a pisar la calle porque el enemigo estaba dispuesto a todo con tal de llevarse lo que Dios tanto ama: mi alma.

   A partir de ahí mi vida cambió rotundamente. Luego de arrepentirme de todo el daño que hice, de volver a ver a mis padres y hermanos, Dios me dio descanso. Después de haber andado días sin dormir ni descansar, pude hacerlo sin necesidad de consumir ni alcohol ni drogas; ya mis pensamientos eran de paz y no de muerte, ni odio ni rencores, no creía que fuera posible, pero gracias al amor y la paciencia que Dios tuvo para conmigo, me di cuenta que si El me perdonó a mi, quién era yo para condenar a quienes me habían hecho mal… “porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El…” (San Juan 3:17).

  Gracias doy a Dios por haberme guardado de la muerte tantas veces y haberme permitido volver a su camino; deseo de todo corazón que, como yo encontré la verdadera paz en los brazos de mi Dios, así también pueda hacerlo todo el que esté creyendo que no hay salida para sus problemas, porque “todo el que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Hechos 2:21)

Dijo Jesús: “estas cosas os he hablado para que en mi tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” San Juan 16:33

Dios les bendiga.





Otros testimonios
Sergio Ruiz >>
Juan Carlos Zynik >>
Beatriz Galán >>
Miguel Obejero >>
Marcos Ariel Álvarez >>
Daniel Russo >>
Sebastián Leandro Russo >>

Seguinos en

Nota de Interés
Si se analiza lo que representa el vocablo "Fundamento", encontraremos razones profundas para pensar, meditar, y afirmarnos....

[+]

Testimonios
Sebastián Leandro Russo: "Hola, mi nombre es Sebastián y estoy cumpliendo 3 años de nuevo en el camino de Dios..."

[+]

Devocionales
"Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús" (2° Corintios 2:14a) - Dios obtiene sus mayores victorias...

[+]

Pedidos de Oración
Devocionales